Desamor
Por Florence Olivier
Andamos extraviados y
pese a la enésima ruptura,
pese al incendio que, pirómanos,
contemplamos extasiados
una vez más,
pese al rechazo, pelota en llamas que nos lanzamos
con destreza,
buscamos al desamor en un tiempo imposible
donde el vislumbre de su rival,
rara avis de vuelo tornasolado,
quetzal de la memoria,
Fénix inasible y pájaro burlón,
canta más allá de las cenizas,
su aviso y su promesa.
Abracadabra,
ábrase ese tiempo
donde alguna arpía
devora los nombres y los cuerpos
de los amantes inocentes.
Sálvese quien pueda,
tú, por ejemplo,
que creías amarme,
y gozaste conmigo,
tú, mi tierno seductor,
¡escapa!
Por mi parte,
esta carne que se dio
a nuestro cuerpo
y la mirada que guardaba
tu imagen
el oído que libaba tu voz
como la abeja la flor
y la mente tiránica y terca
que robó tu nombre
en mal momento,
se esfuerzan, mi gramático,
en deslindar los tiempos.
Son tan distintos.
Uno, inmóvil y confuso,
está poblado de sombras;
el otro sí transcurre,
y lo habitan los vivos,
un tanto distraídos,
tal y como me lo enseñaste,
mi desamor.
© Florence Olivier , 2005
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